Edgar Espinoza Pérez

TODO PARA a las diez de la mañana, el albañil tira la cuchara; se deja el espeque de la siembra y el busero detiene la unidad de transporte con la anuencia o protesta de la gente…. Pero beber algo helado a las diez de la mañana, se convierte en algo más sagrado que el Ángelus. Nicaragua es el país del “fresco” que prácticamente se hace de cualquier fruta. El viajero norteamericano, Ephraim Squier se quedó maravillado de esta tradición nacional:

Puesto que veníamos bajo el sol… debíamos tener sed… y había que tomar algo fresco… Acto seguido mando a un muchacho por unos cocos, cuya agua cuando tierno aun el fruto es transparente  y constituye un delicioso refrigerio! Y sobre todo si se le pone unas gotas de coñac para quitarle el olor al guacal.

Estando en las calurosas tierras de Occidente, Squier observa la gran variedad de “frescos” que pueden saborearse en Nicaragua: A nuestro regreso… encontramos la mesa provista de la más rara colección de frutas tropicales que yo viera jamás… Teníamos ahí frescos de marañón, de naranja, y agua de coco mezclada con aguardiente, de lo mas refrescante que se pueda imaginar.

El guacal y el fresco de esa Nicaragua de antaño van en un alegre maridaje, que es casi imposible separar y en la casa campesina; el guacal es la vajilla de lujo con la cual se recibe al visitante. Vale recordar las jícaras labradas de Buenos Aires en Rivas: una obra de filigrana. En Panamá, la jícara grabada se adornaba con asas de oro y, al decir de Gonzalo Fernández de Oviedo, que sin duda ni reproche se podía dar de beber con las tales higüeras á cualquier rey poderoso.

Además, el árbol de jícaro y el guacal tienen en las culturas indígenas un gran significado mítico. En las leyendas sagradas del Popol Vuh los hermanos Hunahpú e Ixbalanqué son decapitados por los dioses de Xibalbá y sus cabezas colgadas en un arbolo de jícaro. Desde ahí enamoran y fecundan a la Doncella Ixquic para renacer de nuevo, regresar al inframundo y vengarse de los dioses del inframundo al vencerlos en el Juego de la Pelota. Una vez que derrotan a los dioses del Inframundo, los gemelos se convierten en el Sol y la Luna, dando vida a una nueva generación de humanos.

En la Cueva de Cuzirisna el arqueólogo norteamericano Earl Flint encontró varios cráneos humanos de personas jóvenes en unos guacales. Estos muchachos presentaban varias fracturas craneanas y posiblemente fueron decapitados en honor a una deidad. Otro aspecto que no hay que olvidar de esta planta es que con la introducción de la ganadería en la época colonial, aprovechó la oportunidad para extenderse en el territorio, ya que las vacas y caballos podían quebrar los frutos secos, comer sus semillas y extenderlas a través de sus deyecciones.

La madera del jícaro aun se utiliza para la elaboración del fuste de albardas y monturas rusticas que se utilizan en las fincas ganaderas del país. Y no hay que olvidar “El baile de las astillas” en la fiesta en honor a San Pedro en Diriá, donde los promesantes en la justa elaboran sus espadas de madera de varios árboles, pero las hechas de jícaro tienen la flexibilidad y dureza que las convierten en un verdadero látigo. Axial que, al beberse un tiste en una jícara en un viaje a León, tenemos que recordar que ese humilde vaso fue en sus mejores tiempos una copa para un rey y proviene de un árbol casi mágico.

Lista de figuras

Figura 1. Jícara labrada procedente de Buenos Aires, Departamento de Rivas. (Fotografía Maya Bracher. Colección Museo Nacional de Nicaragua.)

Figura 2. Baile  de las Astillas en Diriá. Fotografía Cortesía de Richard Leonardí

QUITARLE EL OLOR AL GUACAL
error: Content is protected !!