Jorge Eduardo Arellano
AL MENOS desde finales del siglo XIX, hay constancia escrita de que en la mayoría de nuestras ciudades y pueblos tenían lugar durante la Semana Santa las representaciones de la Pasión y Muerte de Jesucristo. De las leonesas, llamadas “Pasos”, fue testigo Rubén Darío. Este recordaría en la revista La Biblioteca, de Buenos Aires (agosto de 1896): “Varios personajes de la sagrada historia de Cristo, generalmente Nuestro Señor, los apóstoles y la Samaritana, recorren las calles. En ciertos lugares hay especies de estrados o tablados, cuyas decoraciones consisten en cortinajes de colores y arcos floridos adornados de banderolas”. Allí los actores populares recitaban sus parlamentos, con ademanes invariables, de pasajes bíblicos.
Para entonces, la “Procesión de la Sentencia” el Viernes Santo por la mañana en Granada era, a la vez, tragedia, tumulto, carnaval; y en los “Pasos” ––o escenas–– se representaba el proceso seguido de Jesús. Gustavo Guzmán Selva refiere: “en uno se le interroga, en otro se lava Pilatos las manos; en otro se da la sentencia. Chu Mejía hace muy bien el papel de Cristo y otros actores del pueblo los de Herodes, Caifás, Anás y de todos los escribas y fariseos de la historia; el Centurión montado a caballo recorre las calles atropellando al que se ponga delante; se oyen con frecuencia gritos de los judíos que exclaman: ¡Viva Tiberio César! ¡Muera Jesús Nazareno falso profeta! La algazara, la alegría, el entusiasmo son indescriptibles, la gente se precipita para oír la sentencia, para presenciar el interrogatorio, y se forman pelotones de mujeres y de muchachos que estrujan y se codean para coger lugar. La procesión termina en el atrio de San Francisco con la muerte de Chu Mejía en la cruz; es mucho lo que sufre este pobre señor Mejía, por los quince o veinte pesos que le pagan para que haga de Cristo; le dan empujones, le pegan, le escupen, y a veces está a punto de desmayarse con la cruz que lleva a cuestas durante todo el camino. En una ocasión, al desprenderlo de la cruz donde acababa de ser crucificado, exclamó: ¡Chorro!”. Y añadía Guzmán Selva:
Somos deudores de esta popular e incomparable procesión a Chico Lacayo Leytón, que con paciencia y sabiduría admirables prepara los “Pasos”, ensaya los gritos, viste a los judíos, monta al Centurión, enseña a Caifás, advierte a Pilatos y por último lanza por calles y plazas sus batallones de judíos que van vitoreando a Tiberio César. ¡Bendito seas Chico Lacayo Leytón, bendito seas mil veces, tú que sabes dar tan delicioso y popular pasatiempo a los habitantes de esta culta ciudad de Granada!; tus desvelos y fatigas no son inútiles porque el pueblo le agradece lo que haces para divertirlo y entretenerlo. (La Semana Santa en Granada… [Granada], Tip. de El Diarito, 1896, p. 35).
Como en otros lugares, el texto que servía de modelo a la “Procesión de los Judíos” en Managua, era un novelón del español Enrique Pérez Escrich (1829-1897): El Mártir del Gólgota. Se trataba de una versión más popular de su pieza sobre el mismo tema, escrita en 1856 y ejecutada en su patria como espectáculo edificante los Viernes de Cuaresma. “El más conocido de los patrocinadores del sainete ––consignó Gratus Halftermeyer–– era Bruno Blandino, quien contrataba a los ‘artistas’ de ambos sexos y ensayaba durante un mes antes, por la Cuaresma, para salir airoso ante el público. He calificado de saínete la ‘Procesión de los Judíos’ porque, aunque el motivo era altamente dramático, al fin de cuentas resultaba así por lo ridículo y lo grotesco, toda vez que los actores iban tomados de licor, a media asta. La Curia Eclesiástica intervino y prohibió esas representaciones que no tenían nada de religiosa y más bien profanaban el culto cristiano”. (Historia de Managua… 3ª ed., op. cit (1959), p. 385).
En los años ochenta, Pepe Prego y Digna Bendaña le dedicaron sendas crónicas. “En Managua, Niquinohomo y algunos pueblos ensayan desde hace un mes La Pasión de Jesucristo” ––registró el primero–– en el diario Barricada del 14 de abril de 1984: “La Judea: tradición teatral de nuestro pueblo”. Y agrega: “En otros lugares, ejercitando lo aprendido de sus antecesores, sastres, costureras, zapateros, beatas, sacristanes y monaguillos trabajaban por encargo las prendas que estrenaban durante la Semana Santa, y también ornamentos y disfraces de las Judeas que no eran responsabilidad de los curas. Existen también múltiples anécdotas acerca de los perpetuadores de esta tradición. En Granada, un muy apreciado educador de apellido Sandino heredó el apodo de su padre, a quien en una Judea del puerto lacustre de San Carlos se le cayó el manto cuando interpretaba al Nazareno, siendo llamado desde entonces “Jesús cochino”.
Ejemplo de Judea en los ochenta era del Grupo de Teatro Popular “Héroes y Mártires del Barrio María Auxiliadora”, ilustrada en el diario citado con una fotografía de Óscar Cantarero: la escena del encuentro de Cristo con María de Magdala. Por su lado, Digna Bendaña refiere que la Judea es la presentación callejera más teatral: “Cristo, las dos Marías, los dos ladrones (Dimas y Gestas), Barrabás (el más feo del pueblo) son los principales e invariables actores. Lo que sí cambia de un lugar a otro es la longitud del trayecto, pero de cualquier forma, en la Judea, todo el pueblo se convierte en Jerusalén” (Barricada, 27 de marzo, 1988).

Para los años noventa la Judea de Catarina, frente a su mirador de la Laguna de Apoyo, un grupo de aficionados al teatro, la escenificaron, continuando una tradición de vieja data. Con ello encontraban la mejor manera de relacionarse con la gente de su pueblo y cumplir con su deber de católicos. Una de sus integrantes, que representaba a la Samaritana, era la estudiante de pedagogía Gloria del Carmen Ruiz Potosme. Otro (Jesús) ya se había graduado de administrador de empresas. Era su nombre Eddy Gallegos”. (Anuar Hassan: “Semana Santa en la pasión de un pueblo”. La Tribuna, 27 de marzo, 1994).
Durante los mismos noventa siguieron escenificándose, incluso en los más remotos pueblos como San Juan de Limay, departamento de Estelí, sin alteraciones profanas. Su cronista autodidacta refirió que a inicios de los años veinte se escenificaba una “Judea” con el siguiente reparto: David Morales (Jesús), Alesio Rosales (Pilatos), Antenor Valle (Ángel tentador), Dolores Morales de Alfaro (Claudia, esposa de Pilatos) e Ignacio Talavera (Anás). Dicho cronista calcula que en las décadas de los veinte y treinta dejó de representarse y en los cincuenta comenzaría una nueva tradición: la del centurión romano que recorría las calles, interpretado por Federico Rosales. Este “era vitoreado por los presentes mientras montaba un brioso caballo e iba ataviado con espadas y atuendos militares: dos pajes le acompañaban, interpretados por Bonifacio Galeano y Juan Zenón Jarquín (Gustavo Vindel Acuña: “En la Judea de Limay”. La Tribuna, 27 de marzo, 1994).
La Judea de Boaco fue iniciada por la familia Aguilar Sánchez en 1920. Apoyado por varias empresas de Managua y por particulares, uno de sus continuadores dirigió las siguientes escenas: Lázaro, Benjamín, las 30 monedas, los sueños de Claudia, la negación de Pedro, la Calle de la Amargura y la crucifixión” (La Prensa, 30 de marzo, 1994). Pero donde han tenido más lugar las Judeas es en la Meseta de los Pueblos (Niquinohomo, Catarina), Masaya, Nindirí, Managua, Las Jagüitas, etc. Más de una vez la he admirado en el barrio San Cristóbal de la capital.
Alfredo Valessi anotó sobre las Judeas en los barrios de Managua de los años treinta. “Historiones ocasionales ––artesanos y mujeres del pueblo–– subían al escenario (un trabajo circunstancial al aire libre), generalmente en un patio. En una de aquellas funciones, durante la escena en que el Diablo tienta a Jesús en el desierto, cuando el Maligno pregunta: ––Hijo del Hombre, ¿me conoces?, Jesús contestó: ––Como no te voy a reconocer, jueputa. Vos sos hijo de Juana, la chanchera. Esta era una forma muy nuestra de vivir la realidad entreverada con su ‘reflejo artístico’ muy antes de la utilización de este recurso por [Bertold] Brech [1848-1856]”. (“Recuerdos teatrales de Managua”, en Revista Nicaragüense de Cultura, núm. 6, septiembre, 2022, p. 78).
Pero es en la Gran Sultana, sin tales vulgareos, donde se constituyó un grupo bien organizado el TEDOG (Teatro Obrero Granadino), dirigido por César Corea Ortiz. En 1994 representaron la Judea en el Teatro Karawala (Sábado de Ramos), Estadio Flor de Caña (Martes Santo), atrio de la iglesia de Jalteva (Jueves Santo) y Palacio de la Cultura “Joaquín Pasos” (Viernes Santo). Con cinco de sus hijos, Corea Ortiz ha trabajado en la Judea desde 1977 interpretando diversos papeles; uno de ellos la del profeta Samuel (Zoila Parrales: “La Judea de la Gran Sultana”. La Prensa, 3 de marzo, 1944). Todavía este año de 2026 el TEDOG se mantenía con vida.
