Edgar Espinoza Pérez
Miembro de Número / AGHN
EN MIS tiempos de chavalo vivía cerca de mi casa una familia formada por varias hermanas solteras. Todas sobrepasaban los cincuentena años. A pesar de su edad, mantenían una figura delgada, y para mi eran muy elegantes. Nunca me di cuenta de que se enfermaran hasta que llegaron a los ochenta y desafortunadamente comenzaron a fallecer.
La gente chismosa de la cuadra, yo incluido, aseguraba que, para mantenerse en perfecta salud, y mantener una buena figura, comían cuando podían un zorro cola pelada o Zarigüeya (Didelphis Marsupialis)
A pesar de su figura no muy “agraciada”, la Zarigüeya tiene una larga relación con nuestras culturas. Es el único marsupial en América, emparentada con los canguros de Australia. En el sitio de las Huellas de Acahualinca, los paleontólogos identificaron las pisadas de este animal junto a pisadas humanas, venados y al menos dos aves. Es decir que nuestra relación con este animal tiene por lo menos 8000 mil años de antigüedad.
En la cultura Nahual, al zorro cola pelada se le concede una gran inteligencia y es una deidad mitológica. El zorro, usando sus artimañas, logra robar el fuego a los dioses y entregarlo a los hombres para que pudieran calentarse y comer. En su hazaña, el animal agarra con la cola las brasas ancestrales y las esconde en su bolsa marsupial y es por esto que aun conserva su cola sin pelos.
En el sur, principalmente en la Cultura Jama Coaque, el zorro colapelada asociado a la luna y la fertilizad como afirma el investigador Gutiérrez Husillos. “Es uno de los pocos animales que aparentemente muere y resucita, una y otra vez al igual que se observa periódicamente al satélite lunar menguando y creciendo sobre el firmamento”. Y agrega que “una artimaña de este marsupial para sobrevivir a sus depredadores como el jaguar es hacerse el muerto…. Esta es la base de un ciclo mítico que empareja a la zarigüeya con el Jaguar al que engaña y vence en múltiples ocasiones”.
En Nicaragua las representaciones de Zarigüeya aparecen más claramente durante el periodo 1350-1550 D. C., principalmente en los jarrones efigies. Samuel Kirkland Lothrop los dividió en dos tipos. El primero se caracteriza por poner la cabeza del animal modelada en un lado de la vasija, añadiéndoles las patas y colas de los animales representados. La segunda forma es la representación de una cabeza humana a la cual se le añaden los rasgos antropomorfos.
En el caso de los jarrones que representan a la Zarigüeya, se conocen varias piezas. Desafortunadamente ninguno se ha encontrado en contextos arqueológicos. La figura del animal se modeló representándola con las “manos” hacia la boca. El hocico es fino, está entreabierto mostrando los dientes y la nariz presenta un color rojo. La cola esta modelada en forma sinuosa. Tanto en los ejemplares de Nicaragua y Ecuador siempre el animal se muestra con el “gesto habitual de llevarse las manos a la boca” como lo menciona Gutiérrez. Es seguro que la pieza que ilustra Lothrop en su obra clásica Cerámica de Costa Rica y Nicaragua (1924) en la lámina XIX, se trate de una zarigüeya y no de un armadillo como él sugiere.
En la parte superior se observan paneles de motivos de serpientes emplumadas y sobre estas una serie de líneas finas negras y rojas. En la parte superior los labios una serie de motivos que también se asocian a serpientes.
La zarigüeya está asociada con la fertilidad y la serpiente emplumada con la lluvia. Estas vasijas podrían “leerse como esa gran dualidad que significa el renacimiento y muerte en las culturas originales”. Además de las vasijas, las zarigüeyas fueron representadas en pendientes de oro, como el ejemplar del Museo Gregorio Aguilar Barea de Juigalpa. Esta pieza representa al animal de pie. El hocico fino y entreabierto. El cuerpo corvo, y la cola entre las piernas. Es casi una representación realista del animal.
En las comunidades rurales existe la creencia que el zorro colapelada, cuando está en celo, son los animales más sorprendentes, ya que recorren grandes distancias para aparearse con las hembras. Posiblemente este mismo ardor es lo que provoca que este titán mitológico caiga en desgracia en las carreteras y mueran atropellados por conductores despiadados.
Nuestra relación con este animal es única y debemos de seguir estudiando sus representaciones culturales y sus hábitos para entender esa relación entre humanos y su ambiente. Tal vez en ese equilibrio esta nuestra redención.
Figura
Vasija Efigie policromada colección Museo Nacional de Nicaragua. Fotografía Maya Bracher.

