Clemente Guido Martínez
Vicepresidente / AGHN
LA ACADEMIA de Geografía e Historia de Nicaragua (AGHN) es una asociación sin fines de lucro, fundada el 20 de septiembre de 1934 en Managua. A la fecha, lleva 92 años de existencia, con una trayectoria de altibajos normales en toda asociación, pero siempre cumpliendo su lema: “Investiga / Instruye / Difunde”.
Entre sus miembros de número la Academia cuenta con la presencia protagónica de notables intelectuales. Sin agotar la lista, recuerdo algunos: Felipe Rodríguez Serrano (1920-2021), Emilio Álvarez Montalván (1919-2014), Madre Mercedes Mauleón Isla (1920-2005), , Alejandro Bolaños Geyer (1924-2005), Ignacio Briones Torres (1928-2009), Álvaro Argüello Hurtado (1933-2010), Aldo Díaz Lacayo (1936-2022), Roberto Sánchez Ramírez (1940-2016), José Rizo Castellón (1944-2019), Mauricio Herdocia Sacasa (1957-2021), Alejandro Serrano Caldera (1938-2026).
En dicha no mencioné miembros honorarios, ni correspondientes que también han nutrido con sus intelectos el tesoro humano que ha conformado esta asociación. Cabe recordar a nuestros amigos y miembros honorarios: Pablo Antonio Cuadra (1912-2002) y Armando Íncer Barquero (1930-2018); y a los correspondientes: Patrick Werner (1948-2019), y Mario H. Castellón (1950-2020).
Actualmente sus miembros de número suman 19, los cuales integran la Asamblea General, su máximo órgano de gobierno. La Junta Directiva se propone velar por el logro eficiente del objetivo general y de los específicos de la Academia. La integran: Wilfredo Navarro Moreira (Presidente), Clemente Guido Martínez (Vicepresidente), Jorge Eduardo Arellano (Secretario), Ligia Madrigal Mendieta (Tesorera), y los vocales Róger Norori Gutiérrez, Carlos Alemán Ocampo, Rafael Casanova Fuertes y Edgar Espinoza Pérez.
Entre los miembros de número figuran seis destacados intelectuales que disfrutan de una vida octogenaria: el más longevo es Jaime Íncer Barquero (Boaco, 20 de septiembre de 1934, quien cumplirá 92 años); le siguen: Germán Romero Vargas (San Marcos, Carazo, 13 de abril, 1937, de 89 años), Nicolás López Maltez (Managua, 1ro. de mayo, 1940, de 86 años), Eddy Kühl Arauz (Matagalpa, 4 de julio, 1940, de la misma edad), Carlos Alemán Ocampo (Diriá, Granada, 24 de febrero, 1941, de 85 años) y Jorge Eduardo Arellano (Granada, 4 de julio, 1946, de 80 años).
Jaime es autor de Toponimias indígenas de Nicaragua (1985), obra de gran valor histórico-geográfico. Germán de Las sociedades del Atlántico de Nicaragua en los siglos XVIII y XIX (1995) y quien ha formado varias generaciones en educación media con su libro de texto Historia de Nicaragua. Nicolás ha elaborado una de las obras más completas, si no la única, de Historia de la Guardia Nacional de Nicaragua (tomos I, II y III, 2014, 2023 y 2025).
Eddy se ha esmerado en compilar las toponimias de origen Ulúa-Matagalpa y en documentar de la historia de la caficultura en Nicaragua. También fue uno de los principales impulsores en rescatar la presencia histórica de los indios flecheros matagalpas en la batalla de San Jacinto. Carlitos ha sido un fecundo hombre de letras, “inventor de historias” y gran cultivador de la novela histórica.
Todos merecen nuestro respeto y más alta estima. El próximo 20 de septiembre la Academia llegará a sus 92 años de fundación. Cuando cumplió 90 fue realizado un magno acto con destacados representantes del gobierno nicaragüense y de la sociedad civil en el Teatro Nacional Rubén Darío.
JEA: el más joven de los octogenarios
El más joven de los octogenarios es el doctor Jorge Eduardo Arellano, quien cumplió sus 80 años el pasado 4 de julio, ocasión por la que familiares y amistades le congratulamos. Me permitiré escribir algunos párrafos sobre JEA, quien en 1972 contrajo matrimonio con la matagalpina y licenciada en Física-Matemática Consuelo Pérez Díaz, con quien procreó cuatro hijos: Emperatriz, Consuelo y los gemelos Héctor y Verónica Arellano Pérez. Ese mismo año perdió a su madre Nelly Sandino Vargas y a sus cuatro hermanas solteras: Matilde, Lucía, Yolanda y Verónica Arellano Sandino, a causa del terremoto de Managua el 23 de diciembre.
A la edad de 20 años publicó su primer libro Panorama de la literatura nicaragüense / De Colón a finales de la época colonial y otros ensayos historiográficos ligados a la literatura, pasión que le acompañará toda su vida hasta nuestros días, produciendo una cantidad más que impresionante de artículos en medios escritos de circulación nacional e internacional. Secretario y editor de nuestra Academia, es responsable de sus publicaciones impresas: la Revista de la AGHN (cuyo tomo 98 apareció en agosto) y Acahualinca, publicada una vez al año.
JEA es un personaje de quien de cualquier manera se habla en Nicaragua. Controversial y apasionado en la defensa de sus tesis, a veces se escucha altisonante y ansioso, y otras se le observa calmo y exhortativo. Lo que nadie puede negar es que sus tesis están en la mesa de discusiones académicas, para apoyarlas o contrariarlas.
Leí sus obras antes de conocerlo personalmente. Tuve el honor de que fuese mi asesor académico varios años, cuando desde mi cargo de Director General del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), le pedí su acompañamiento y aceptó, pasando a formar parte de un equipo de lujo que hicimos mucho por Nicaragua en los años de 1997 a 2001. Además, en 2001 fue miembro de la Comisión Nacional Dictaminadora de los restos óseos descubiertos en León Viejo, plenamente identificados como los del mártir obispo Fray Antonio de Valdivieso. También estuvo involucrado en la certificación de los restos óseos de Pedrarias Dávila y Francisco Hernández de Córdoba, también en León Viejo.
No es un secreto que hemos tenido contradicciones académicas sobre temas importantes, pero eso no es motivo para que nuestra amistad y respeto mutuo se rompan. Después de todo, cuando él escribió sus primeros ensayos en 1966, yo apenas tenía cuatro años de edad y él ya surcaba los veinte. Esa diferencia de edad y experiencia me obligan a ser más humilde ––que no siempre demuestro, y a veces contradigo––, ante el maestro, pues estoy muy lejos de alcanzar su recorrido entre millares de páginas documentales de nuestra historia, así como bajo distintas coyunturas políticas del país en sus ochenta años de vida.
Agradezco al doctor Arellano por su vida, aportes y su permanente y rica contribución al rescate de la memoria histórica de nuestro pueblo. Al redactar estas breves líneas me propongo demostrar mi gratitud por las muchas veces que JEA me ha apoyado en mis propios ensayos, y por su amistad manifestada de varias formas, inclusive con el obsequio de su parte a mi persona, de libros raros de autores, que han multiplicado el tesoro bibliográfico de mi biblioteca; y con la edición, cuando era director de la Academia Nicaragüense de la Lengua (2002-2011) de mi obra Los dioses vencidos de Zapatera / Mitos y realidad (2004).
Mi familia nunca olvidará a JEA por haber escrito y publicado honrosas palabras para mi padre al doctor Clemente Guido Chávez, mientras mi amado “vetusto”, autor del testimonio Noches de tortura y de la novela El pájaro del dulce encanto (1975), agonizaba en el hospital Bautista de Managua, hasta su muerte el 23 de enero del 2004.
Ruego a Dios que siga brindando salud y vida a nuestros apreciados colegas académicos. Que disfruten su etapa octogenaria en armonía con sus familias, compañeros y demás miembros de la Academia.

